Profesores y alumnos produciendo sus materiales

Una suerte de validación de lo que yo pensaba...

Hace un tiempo participé de una jornada denominada Buenos Aires y sus idiomas, Español Lengua Segunda para la Inclusión, donde los temas abordados fueron, entre otros, los materiales y la orientación que necesitamos los docentes que trabajamos con alumnos hablantes de lenguas distintas al español.

Volví a casa muy estimulada y con nuevas energías. Y la razón principal de tal éxito en mí fue la presentación a cargo de una especialista, Else Hamayan (que yo no conocía, así que fue buenísima sorpresa el encuentro), cuyo tema era: Lecciones aprendidas: La enseñanza a alumnos hablantes de lenguas distintas del español.


Me pareció excelente su exposición, tanto lo que iba diciendo —su planteo, su postura—, como la manera en que lo iba presentando: tal como anunciaba el título, hizo un listado en forma de "mitos" de las lecciones aprendidas a partir de la experiencia de los colegas que nos precedieron en el campo de la enseñanza-aprendizaje de lenguas.

Y en un momento dado yo encontré "una perlita" en su discurso, un comentario chiquito que ella hizo rápidamente y como al pasar pero que me llegó con potencia porque daba cuenta de algo en lo que yo también siempre pienso. 

Retomo: en un momento dado, mientras nos mostraba unas láminas (pósters, afiches) que usan unos profesores en Canadá para publicar, mostrar, dar a conocer y valorizar los diferentes recorridos lingüísticos de los alumnos, nos dijo más o menos lo que sigue: "qué suerte que tienen ustedes de que estas láminas no se consigan acá así las hacen ustedes mismos o lo que sería mejor, ustedes y sus alumnos".

Me gustó escuchar ello de boca de una experta. 

Lo sentí como una validación de mi postura en favor de la creación, mashup, reciclaje, etc. de los materiales de clase a cargo de los profesores.

Celebro que se perciba como algo normal que las instancias de producción y consumo sean de más en más difíciles de disociar. 
Creo que en el aula vale resignar calidad estética (o técnica, según el producto del que se trate) a cambio de motivación y verdadero reflejo de la idiosincrasia de los participantes.

Sin adaptación y personalización no hay emoción en el alumno ni compromiso en el profesor. Y si no hay emoción... si no hay compromiso...

A continuación comparto con ustedes el video de la conferencia: el enlace lleva directamente al momento en que Else Hamayan hace ese simple (y para mí, clave) comentario. Pero ojalá se motiven y la miren completa.


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