De cuando el emprendedor autónomo salta de alegría
Poder hacer "sopas de letras" con 3 condiciones
¡Consejo vintage!
En tiempos de IA, este parece un consejo antiguo pero lo publico igual; las 3 condiciones que mencionaré a continuación me convencieron de la pertinencia de hacerlo.
Les paso la dirección de un sitio web donde es posible realizar sopas de letras con estas tres condiciones:
-permite agregar tildes y otros signos tipográficos (À BIENTÔT, FRANÇAIS)
-permite dejar un espacio libre cuando se trata de expresiones formadas por 2 palabras (AU REVOIR)
-permite generar un documento en formato imagen ─no exclusivamente en .pdf─ que se puede pegar fácilmente en los cuadernillos de práctica o apuntes que preparamos para nuestros estudiantes (porque, al menos a mí, me sigue gustando hacer y hacer hacer actividades en papel).
La tipografía me gusta mucho, además.
Le voilà ! https://clicfle.com/generateurs/motsmeles/
Campaña de salvataje. Salvar palabras sencillas que a él le seguían hablando
Cuando se jubiló, en mil novecientos sesenta y cinco, después de cincuenta y tres años de una labor escrupulosa, había hecho desaparecer cientos y miles de herramientas, técnicas, costumbres, creencias, dichos, manjares, juegos, apodos, pesos y medidas; había borrado del mapa decenas de islas, centenares de poblaciones y ríos, millares de cabeceras de partido; había relegado a su anonimato taxonómico centenares de tipos de vacas, especies de pájaros, insectos y serpientes, peces un poco especiales, variedades de moluscos, de plantas no del todo idénticas, tipos particulares de frutas y verduras; había hecho desvanecerse en la noche de los tiempos a cohortes de geógrafos, misioneros, entomólogos, Padres de la Iglesia, literatos, generales, Dioses & Demonios.
¿Quién iba a saber en lo sucesivo qué había sido el vigígrafo, «especie de telégrafo de vigías que se comunican unos con otros»? ¿Quién podría imaginar que había existido, quizá durante generaciones, «una maza de madera colocada en la extremidad de un palo para machacar los berros en las fosas inundadas» y que aquella maza se llamaba schuéle (chu–èle)? ¿Quién se acordaría del velocímano?
¿Dónde estaban (…) aquellas palatines, pieles que llevaban las mujeres al cuello en invierno, llamadas así por la princesa Palatina, que introdujo su uso en Francia durante la minoría de Luis XIV (…)?
¿Qué había sido de (…)? ¿Y de Albert de
Routisie (Basilea, 1834-Mar Blanco, 1867)? Poeta y novelista francés. Gran
admirador de Lomonossov, decidió ir en peregrinación a Arkhangelsk, su ciudad
natal, pero el buque naufragó cuando iba a llegar a puerto. Después de su
muerte, su hija única, Irène, publicó su novela incompleta, Los cien días,
una selección de poemas, Los ojos de Melusina, y, con el título de Lecciones,
una admirable colección de aforismos que sigue siendo su obra más acabada.
¿Quién sabría en lo sucesivo que François Albergati Capacelli era un dramaturgo italiano nacido en Bolonia en 1728 y que la puerta de bronce del obitorio de Carennac se debía al fundidor Rondeau (1493-1543)?
Cinoc
empezó a vagar por las orillas del Sena, revolviendo los puestos de libros,
hojeando novelas a diez céntimos, ensayos pasados de moda, guías de viaje
caducadas, viejos tratados de fisiología, mecánica o moral, atlas anticuados en
los que aún aparecía Italia como un mosaico de pequeños reinos. Más tarde
acudió a la biblioteca municipal del distrito XVII, en la calle Jacques Binjen,
donde se hacía bajar del desván infolios polvorientos, manuales Roret, libros
de la Biblioteca de las Maravillas y viejos diccionarios (…).
Por
último, cuando hubo agotado los recursos de la biblioteca del barrio, se
atrevió a inscribirse en la Biblioteca Sainte-Geneviève y comenzó a leer a
aquellos autores cuyos nombres veía grabados en la fachada, al entrar (…).
Leía lentamente, apuntaba las palabras raras y poco a poco tomó cuerpo su proyecto y decidió redactar un gran diccionario de voces olvidadas, no para perpetuar el recuerdo de los Akkas, pueblo enano negro del África central, o de Jean Gigoux, pintor de cuadros históricos, o Henri Romagnesi, compositor de romanzas, 1781-1851, ni para eternizar el escolecóbroto, coleóptero tetrámero de la familia de los longicornios, tribu de los cerambicinios, sino para salvar palabras sencillas que a él le seguían hablando.
En diez años reunió más de ocho mil, a través de las cuales quedó descrita una historia hoy apenas transmisible:
RONDELIN (s. m. raíz rond) Voz burlesca usada por Chapelle para designar un hombre muy gordo: Para ver al buen rondelin no es menester catalejo.
CADETTE (s. f.) Piedra labrada usada para el adoquinado.
BEAUCEANT (s. m.) Estandarte de los Templarios.
LOUISETTE (s. f.) Nombre dado por algún tiempo a la guillotina, cuyo invento se atribuía al Doctor Louis. «Louisette era el nombre amistoso que daba Marat a la guillotina» (Victor Hugo).
RUISSON (s. m.) Canal para vaciar las salinas.
TIERÇON (s. m.) Cost. ant. Medida de líquidos que equivalía a la tercera parte de la medida entera. El tierçon tiene una capacidad de: en París 89,41 litros, en Burdeos 150,80 litros, en Champaña 53,27 litros, en Londres 158,08 litros y en Varsovia 151,71 litros.
GIBRALTAR (s. m.) Dulce de pastelería.
HACHARD (s. m.) Cizalla para cortar hierro.
FEURRE (s. m.) Paja de cualquier clase de trigo. Paja larga para reparar sillas.
VIGNON (s. m.) Retama espinosa, aulaga.
ROQUELAURE (s. f.) (Del nombre de su inventor, el duque de Roquelaure.) Especie de gabán abrochado por delante de arriba abajo con botones.
LOUPIAT (s. m.) Pop. Borracho. «Buena la había hecho, con su loupiat de marido.» (E. Zola.)(…)
Campaña de salvataje. Sauver des mots simples qui continuaient encore à lui parler

Cinoc, qui avait alors une cinquantaine d’années, exerçait un curieux métier. Comme il le disait lui-même, il était « tueur de mots » : il travaillait à la mise à jour des dictionnaires Larousse. Mais alors que d’autres rédacteurs étaient à la recherche de mots et de sens nouveaux, lui devait, pour leur faire de la place, éliminer tous les mots et tous les sens tombés en désuétude.
Quand il prit sa retraite, en mille neuf cent soixante-cinq, après cinquante-trois ans de scrupuleux services, il avait fait disparaître des centaines et des milliers d’outils, de techniques, de coutumes, de croyances, de dictons, de plats, de jeux, de sobriquets, de poids et de mesures ; il avait rayé de la carte des dizaines d’îles, des centaines de villes et de fleuves, des milliers de chefs-lieux de canton ; il avait renvoyé à leur anonymat taxinomique des centaines de sortes de vaches, des espèces d’oiseaux, d’insectes et de serpents, des poissons un peu spéciaux, des variétés de coquillages, des plantes pas tout à fait pareilles, des types particuliers de légumes et de fruits ; il avait fait s’évanouir dans la nuit des temps des cohortes de géographes, de missionnaires, d’entomologistes, de Pères de l’Église, d’hommes de lettres, de généraux, de Dieux & de Démons.
Qui désormais saurait ce qu’avait été le vigigraphe, « espèce de télégraphe de vigies qui se correspondent » ? Qui désormais pourrait imaginer qu’il avait existé pendant peut-être des générations une « masse de bois placée au bout d’un bâton pour fouler le cresson dans les fosses inondées » et que cette masse se nommait une schuèle (chu-èle) ? Qui se souviendrait du vélocimane ?
Où étaient passés (…) ces palatines, fourrures que les femmes portaient sur le cou en hiver, ainsi nommées de la princesse Palatine qui en introduisit l’usage en France sous la minorité de Louis XIV (…) ?
Qu’étaient devenus (…) ? Et Albert de Routisie (Bâle,
1834-En mer Blanche, 1867). Poète et romancier français. Grand admirateur de
Lomonossov, il décida de faire un pèlerinage à Arkhangelsk, sa ville natale,
mais le navire fit naufrage juste avant d’arriver au port. Après sa mort, sa
fille unique, Irène, publia son roman inachevé, Les Cent-Jours, un choix
de poèmes, Les Yeux de Mélusine, et, sous le titre de Leçons, un
admirable recueil d’aphorismes qui reste son ouvrage le plus achevé.
Qui saurait désormais que François Albergad Capacelli
était un dramaturge italien né à Bologne en 1728, et que c’est au maître
fondeur Rondeau (1493-1543) que l’on devait la porte de bronze de la chapelle
obituaire de Carennac ?
Cinoc se mit à traîner le long des quais, fouillant les étals des bouquinistes, feuilletant des romans à deux sous, des essais démodés, des guides de voyages périmés, des vieux traités de physiologie, de mécanique ou de morale, des atlas surannés où l’Italie apparaissait encore comme un bariolage de petits royaumes. Plus tard il alla emprunter des livres à la bibliothèque municipale du XVIIe arrondissement, rue Jacques-Bingen, se faisant descendre des combles des in-folio poussiéreux, des manuels Roret, des livres de la Bibliothèque des Merveilles, et des vieux dictionnaires (…).
Enfin, quand il eut épuisé les ressources de sa
bibliothèque de quartier, il alla, s’enhardissant, s’inscrire à
Sainte-Geneviève et il se mit à lire les auteurs dont, en entrant, il voyait
les noms gravés sur la façade (…).
Cinoc lisait lentement, notait les mots rares, et peu à peu son projet prit corps et il décida de rédiger un grand dictionnaire des mots oubliés, non pas pour perpétuer le souvenir des Akkas, peuple nègre nain de l’Afrique centrale, ou de Jean Gigoux, peintre d’histoire, ou d’Henri Romagnesi, compositeur de romances, 1781-1851, ni pour éterniser le scolécobrote, coléoptère tétramère de la famille des longicornes, tribu des cérambycins, mais pour sauver des mots simples qui continuaient encore à lui parler.
En dix ans il en rassembla plus de huit mille, au travers desquels vint s’inscrire une histoire aujourd’hui à peine transmissible :
RONDELIN (s. m., rad. rond) Mot burlesque dont Chapelle s’est servi pour désigner un homme fort gros : Pour le voir le bon rondelin Point n’est besoin de longue-vue.
CADETTE (s. f.) Pierre de taille propre au pavage.
BEAUCÉANT (s. m.) Étendard des Templiers.
LOUISETTE (s. f.) Nom qui fut donné pendant quelque temps à la guillotine, dont on attribuait l’invention au Docteur Louis. « Louisette était le nom d’amitié que Marat donnait à la guillotine » (Victor Hugo).
RUISSON (s. m.) Canal pour vider un marais salant.
TIERÇON (s. m.) Anc. cout. Mesure de liquide qui contenait le tiers d’une mesure entière. Le tierçon a une contenance de : à Paris 89 litres 41, à Bordeaux 150 litres 80, en Champagne 53 litres 27, à Londres 158 litres 08 et à Varsovie 151 litres 71.
GIBRALTAR (s. m.) Entremets de pâtisserie.
HACHARD (s. m.) Cisaille pour le fer.
FEURRE (s. m.) Paille de toute sorte de blé. Paille longue pour rempailler les chaises.
VIGNON (s. m.) Genêt piquant.
ROQUELAURE (s. f.) (Du nom de son inventeur, le duc de Roquelaure.) Espèce de manteau fermé sur le devant par des boutons, depuis le haut jusqu’en bas.
Campaña de salvataje. Sobre la defensa del idioma
Campaña de salvataje. El proyecto
Campaña de salvataje. Todas las Entradas
De cuadros y de cuentos. Para entrar en tema... Jorge Luis Borges
#ManuelMujicaLainez
#MuseoDelPrado #MuseoNacionalDeBellasArtes
#ArtesEnLaClaseDeLenguaYLiteratura
De cuadros y de cuentos. Para entrar en tema... Amélie Nothomb
#ManuelMujicaLainez
#MuseoDelPrado #MuseoNacionalDeBellasArtes
#ArtesEnLaClaseDeLenguaYLiteratura
De cuadros y de cuentos. Todas las Entradas
#ManuelMujicaLainez
#MuseoDelPrado #MuseoNacionalDeBellasArtes
#ArtesEnLaClaseDeLenguaYLiteratura
Estimulación de la lectura, por Ricardo Mariño
García Márquez y Prévert, por ejemplo. García Márquez et Prévert, par exemple
.Activer des savoirs préalables
.Motiver en m'appuyant sur la langue maternelle
.Rappeler la dimension communicative mais aussi artistique et expressive des langues (la propre et la nouvelle)
#relato #récit






















%20elegida.jpg)
%20elegida.jpg)
%20elegida.jpg)
%20elegida.jpg)
%20elegida.jpg)










