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¿Corregir o no corregir a los colegas?

¡Hola, colegas!
He decidido escribir esta nueva Entrada a fin de pedirles su opinión sobre un tema difícil pero del que creo es bueno hablar.
¡Voy al grano!

¿Qué hacen ustedes cuando encuentran errores o faltas en los mensajes, publicaciones u otro tipo de textos escritos por colegas? 

Solo me interesa saber cómo actúan al ver fallas en los escritos de colegas; olvidemos, en este caso, a los alumnos y a esos otros interlocutores que están fuera de nuestra profesión.

¿Se toman el tiempo de comentar el error o falla y hacer llegar la corrección a su autor?
Y los que sí lo hacen, ¿de qué manera suelen realizarlo?

No me refiero a los errores llamados “de concepto” (esos que imponen ser analizados teniendo en cuenta la teoría desde la cual fueron expresados) sino a los errores sobre los que mayormente no hay debate: ortografía, puntuación, uso de mayúsculas, abreviaturas, etc.
También me refiero a esos errores o faltas de redacción muy evidentes, esos que no se pueden justificar ni por el estilo del locutor, ni por el tipo textual, ni...

Me interesan mucho sus respuestas por lo que no quiero condicionarlos escribiendo ahora, aquí, ejemplos o las razones de mi curiosidad; ello vendrá más adelante, en caso de que haya a quien le interese este tema.

Encontrar errores, faltas,... ¡Seguro que todos han pasado por ello!
¿Quién me cuenta?
¡Los comentarios están abiertos!
¡Muchas gracias!

Exprime toi, Alexis Orloff. Ver en línea y créditos de la imagen aquí.


Adenda:

Luego de publicada esta Entrada, presenté el tema a los profesores que constituimos un grupo en Facebook llamado UnIdiomaCadaVez.com (un grupo que cuenta con miembros muy activos, muy generosos al dar su tiempo para ayudar y dispuestos siempre a compartir opiniones muy reflexivas sobre los intríngulis de nuestra profesión).
Aquí el enlace a la charla que en ese marco tuvo lugar. 
Los colegas que pertenecen a dicho grupo podrán leerla directamente y los que no pertenezcan quizá vean una razón para unirse. ¡Recomendado!



Lo que pienso:

Si estamos dispuestos a tomarnos el tiempo necesario a comentar el error de manera educada, y en lo posible en modo privado, y si además podemos sumar a ello alguna posible alternativa o corrección, creo que no deberíamos dejar de hacerlo. Y me animo a dar respuesta a las preguntas ¿por qué y para qué? 
Simplemente para que quede correcto y la publicación sirva realmente como referencia válida, por ejemplo, para estudiantes o para profes no hablantes nativos de la lengua de la que se trate y que aún no consolidaron las formas de la misma.
Siempre debemos, a mi entender, agotar los intentos por hacer que lo que se publica esté ajustado a la norma. Si algo se puede editar y corregir ¿por qué no hacerlo, verdad? Nunca sabemos a qué ojos llegará esa publicación.

Lo que aún intento aclarar en mi mente es por qué la mayoría de los profes pedimos-sugerimos-recomendamos que la corrección entre colegas se realice en privado siendo que en clase, en el trabajo diario con los alumnos, justificamos las correcciones "publicas" convencidos de cosas tales como "para que aprendan del error ajeno", "para que capitalicen los errores ajenos"...

¿Hacia dónde irán las prácticas en el futuro? ¿Será que poco a poco comenzaremos a corregir en privado a los alumnos? ¿Será que a los profes dejará de molestarnos que nos corrijan en público pensando que gracias a ello habrá quienes aprendan algo nuevo?

La letra cursiva, itálica o bastardilla


Un hallazgo muy especial motiva esta Entrada. Se trata de un párrafo* en el que la cursiva (o itálica o bastardilla) aparece repetidamente pero por tres motivos diferentes:

-indicar que el término forma parte de una jerga: realista
-nombrar el título de una obra: Guernica
-dar énfasis: y

El libro del que es cuestión se titula Picasso, su autor es Juan Antonio Ramírez, y el capítulo al que pertenece el párrafo es el llamado El compromiso; el mismo trata del Guernica y de cómo entender la realización de tal obra en su coyuntura artística y mundial.

"(...) inesperada reconciliación entre la vanguardia artística y los ideales globales de la acción revolucionaria. ¿No se expresaba allí acaso una contundente denuncia de la violencia fascista sin renunciar a los procedimientos de la modernidad radical? Así es como Picasso, que no era propenso a los discursos ni a las declaraciones programáticas, incidió sin quererlo en el debate cultural más importante de los años treinta y cuarenta: de un lado estaban quienes pensaban que el arte proletario debía ser comprensible para las masas, es decir realista, y de otro los que defendían la total independencia entre el trabajo político y la esfera creativa. Falsa dicotomía, venía a decir Guernica. La vida y la obra del artista malagueño habían sido una constante negación del «principio de exclusión»: si ya antes había simultaneado lenguajes clásicos y cubistas, una vida de esposo público y otra de amante clandestino, su amistad con la aristocracia y con los surrealistas, etc., ¿por qué no demostrar ahora que se podía ser el más innovador de los vanguardistas y el más intransigente de los revolucionarios? (…)"



Guernica. Pablo Picasso. Museo Nacional Reina Sofía. Ver aquí.


Para saber más sobre la cursiva (y la redonda), ver aquí.


*Como habrán visto, no es un párrafo que uno pueda "llevar" al aula de ELE, lo publiqué aquí simplemente para compartir el gusto que me dio detenerme ante la recurrencia y variedad de la cursiva.